Wednesday, February 15, 2006

Visión Encinta (Voces Literarias)

¿Qué pasa con Paul Auster?
Por Sélavy

Parece, a estas alturas, que la novela sea un invento suyo. Este hombre de Brooklyn, cuentista de garantía, que nos ha regalado (no en la tienda) novelas junto con las que algunos hemos pasado toda una adolescencia de transporte público, publicará según fuentes, como siempre en Anagrama, su próximo libro “Brooklyn files” el próximo febrero en nuestro país. Reconozco que siempre, desde que leí “La trilogía de Nueva York”, he esperado las traducciones al español de las novelas de este señor con bastante entusiasmo, algo que sólo me había pasado con autores vivos como Kurt Vonnegut (todo un ejemplo del polo opuesto, y mágico elixir tras digerir una novela del bueno de Paul) y José Saramago (la última esperaré a que salga en barato), pero hay algo que pasa con Paul Auster que no tiene que ver ni con su condición de best seller ni tampoco con su compatible condición de gran novelista. Desde la aparición de “Tombuctú” me aburre, y mucho además. Bien que aquella era una novela con unos protagonistas encantadores y bien en que se le veía muy forzado más allá de la construcción de los personajes, el simpático perro Mr. Bones y su dueño, que quedan presentados con maestría en un solo trayecto (el de una ambulancia). Recuerdo que pasadas las 80 primeras páginas de ésta, su novela por muchos considerada de menos acierto, el autor no sabía qué hacer y rellena poco más de cien nuevas hasta que decide que la solución es matar al perro. Y entonces, de repente, lo atropella un coche. Bien que coincida el momento con una hazaña de nuestro humanizadísimo Mr. Bones (creo recordar que se escapaba de una perrera), pero, repito, de repente, lo atropella un coche; es la última página del libro. Adiós muy buenas. Este fracaso resume bien lo que es el éxito de Paul Auster en la actualidad, avalado además por hazañas como “El palacio de la luna” o “Leviatán”, a las que quizá añadiría “La música del azar”, una parte de sus ensayos (reseñar sus prólogos a Nathaniel Hawtorne y Hugo Ball) y los guiones de “Smoke” y “Blue in the face” de los que se podría rescatar como elocuente resumen el fabuloso “cuento de navidad de Augie”. Pero adonde yo quiero ir no es a enfatizar estos aciertos sino a juzgar ese perfeccionismo del autor que me ha llevado a leer sus últimas tres o cuatro obras, diría que exclusivamente por morbo. A ver cómo resuelve esto o aquello. Para eso es Paul Auster, supongo. Ha pasado el tiempo y muchos hemos podido ver cómo el acceso a este novelista se abría cada vez más paso con la subida a los altares de las ventas de “El libro de las ilusiones” (buen ejemplo de la fórmula del autor convertida en intachable perfeccionismo, pero del que aburre, al menos a mí). Seguida de “La noche del oráculo”, que hubiera sido comparable a “El libro de las ilusiones” si a nuestro autor no le hubiera dado un notorio ataque de ansiedad por acabarla cuanto antes. ¿Qué se espera de “Brooklyn files”? Es mi pregunta. Más Paul Auster, supongo ¿No es eso demasiado? Tanto que huele, y mucho.

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